sardinas espeto con limon

¿Podrías describir de qué te gustaría hacer un documental fotográfico gastronómico y qué retratarías en él?

Tengo el privilegio de vivir en una tierra que no es la mía, que me ha abrazado, sin preguntas ni condiciones. Sin duda realizaría un documental acerca de la sorprendente gastronomía andaluza, más concretamente de la cocina malagueña. Como muchos niños crecí pensando que el pescado no era algo que me gustase, apeteciese, ni disfrutase. Nací en Valencia y mis raíces vienen de una tierra de arroces, platos elaborados con una tradición muy distinta a la que aquí respiro.

Y digo respiro porque aquí se respira el olor a leña, a barca de chiringuito, a espeto y caña.. No huele a pescado, ese olor que cuesta sacar de la ropa o de la cocina.

Aprendí que el pescado no es ese alimento que hay que comer porque es necesario y te obligas a comerlo cuando enfermas. Aquí aman el pescaíto frito, el pescado a la plancha que no es solo una pieza de pescado tirada en una sartén.

Es cocina, es sabor, es cultura, es orgullo de Andalucía, tradición y sustento de muchas familias. Familias de pescadores que salen a por la materia prima, las pescaderías que abastecen los hogares, en el que con mimo y cuidado rebozan con harina para alimentar a sus hijos.

Son los bares , restaurantes más caros y los chiringuitos que sirven los platos de dos en dos, de tres en tres y hasta los subastan a voz en grito. Los espetos se cuentan por cabeza de comensal, la cuenta te la hacen dependiendo de los platos vacíos que van quedando en las mesas y te hacen la cuenta escrita en el mantel de papel. Las bandejas de frituras variadas salen de las cocinas y te muestran el pescado por peso para los paladares más exquisitos y los bolsillos más generosos.

Retrataría a los pescadores, a las amas de casa, a los chefs más refutados y a los cocineros más explotados. Los platos con sus decoraciones más sencillas y más elaboradas. El disfrute de las personas que lo saborean. Esas que vuelven año tras año para poder saborear ese rico pescado. Oler la leña y salitre de las barcas de la playa y salivar pensando en sus aromas.

 

¿Por qué lo consideras importante para ti?

Creo que forma parte de nosotros. Igual que un olor de un perfume nos lleva un lugar lejano de nuestra memoria y nos hace aterrizar a nuestra infancia, me gustaría documentar el turista que después de 7 años sin pisar Málaga, me pide que lo lleve a comer atún, porque en Bulgaría solo puede comérselo congelado. A los invitados de una boda, que prefieren comer pescaíto y que no quieren grandes banquetes.

Creo que la felicidad de las personas va de la mano de los momentos en los que más felíz ha sido, por un olor o por un sabor. Ver como personas que tienen vidas aburridas y tristes, acaban teniendo una hora y media de felicidad por volver a saborear unos platos que no solo les llevan a llenar sus estómagos.

No hay que dejar de lado pensar que puede ser una bella profesión, en la que pasaría de ser una simple observadora, a formar parte de un mundo laboral en el que la vista y la imagen de sus platos, negocios o empresas son la clave para poder llegar a traspasar las papilas gustativas y que decidan acudir a el negocio que me ha contratado. Provocar al cliente con mis fotografías sentir ese poquito más y dar el paso a sentarse en sus mesas y salones, terrazas o chill out playero.

Hacer fotografías no solo de sus platos, también de sus locales y del personal que lo empujan hacía adelante cada día. No hay que olvidar que en un restaurante, bar o chiringuito es un gran equipo de trabajo en el que desde el primero hasta el último, trabajan duramente para que los demás disfruten de los placeres de la vida.

¿Qué aportarías con ello y cómo lo encararías?

Intentaría aportar al sentido de la vista un poco de sabor a nostalgia, de morriña o amor a esta tierra. De retratar a las manos de quien elabora esos platos, los años de tradición en esas recetas o por el contrario la modernización de algunas de ellas.

Buscaría distintas personas que representen en antes, el hoy y el futuro, asistiendo a las escuelas donde los estudiantes de hoy, ellos serán los que luchen mañana, en estos tiempos tan inciertos.

A los pequeños propietarios que con tanta incertidumbre y después de dos meses con sus “vidas paradas” y negocios cerrados, afrontan el levantar las persianas, limpiar el polvo, retirar esas mesas que ya no cumplen la normativa sanitaria y que tanto necesitan para pagar sus gastos.

Dejaría que sus platos me hablasen, que sus ojos me convencieran y me llevasen a mirar allí donde debe de estar la mirada. Poder estar a la altura, de sus vidas, de sus platos y de sus esperanzas.

Nunca he hecho fotografía de este tipo, solo a nivel aficionado, pero el lugar donde vivo, está rodeado de chiringuitos, hoteles y buenos restaurantes. Forman parte de mi vida y ojalá pudiera formar parte de la suya, con mi esfuerzo y duro trabajo.